Javier Marías: 6 libros que demuestran la grandeza literaria del autor
Ha fallecido el 11 de septiembre en Madrid a causa de una neumonía, a los 70 años, Javier Marías, escritor, traductor y editor español, miembro de número de la Real Academia Española desde 2008, donde ocupó el sillón «R».
Hijo del del filósofo y miembro de la Real Academia Española Julián Marías y la escritora Dolores Franco Manera, hermano del historiador del arte Fernando Marías Franco y del crítico de cine y economista Miguel Marías, el autor brilló con luz propia.
Javier Marías recibió múltiples premios desde 1997 todos ellos por el conjunto de su obra y de hecho llegó a ser nominado al Premio Nobel de Literatura.
En 2016 fue nombrado Literary Lion por la Biblioteca Pública de Nueva York. Entre sus traducciones destaca Tristram Shandy (Premio Nacional de Traducción 1979).
Fue profesor en la Universidad de Oxford y en la Complutense de Madrid. Sus obras se han publicado en cuarenta y seis lenguas y en cincuenta y nueve países, con nueve millones de ejemplares vendidos.
Autor de 16 novelas el autor deja un gran legado, donde sus obras ya son consideradas como clásicos de la literatura española.
6 libros para descubrir porque eran tan grande Javier Marías
El hombre sentimental

Cuatro años han pasado desde que, en el tren que le conducía de Venecia a Madrid para representar el Otello de Verdi, el cantante catalán el León de Nápoles viera por primera vez a Natalia Manur, a su marido, el banquero Manur, y a Dato, un extraño acompañante.
Natalia dormía, el rostro cubierto por una espesa melena, mientras su marido y Dato miraban el paisaje absortos en sus pensamientos. Pero en ese compartimiento, y entre esos cuatro personajes, iba a comenzar una historia de pasiones llevadas hasta sus últimas consecuencias. Últimas al menos para el hombre sentimental, que todos relacionamos con el artista o el pensador y quizá sea en realidad el hombre de negocios, el hombre de acción.
Tomás Nevison

Dos hombres, uno en la ficción y otro en la realidad, tuvieron la oportunidad de matar a Hitler antes de que éste desencadenara la Segunda Guerra Mundial. A partir de este hecho, Javier Marías explora el envés del «No matarás». Si esos hombres quizá debieron disparar contra el Führer, ¿cabe la posibilidad de hacerlo contra alguien más? Como dice el narrador de Tomás Nevinson, «ya se ve que matar no es tan extremo ni tan difícil e injusto si se sabe a quién».
Tomás Nevinson, marido de Berta Isla, cae en la tentación de volver a los Servicios Secretos tras haber estado fuera, y se le propone ir a una ciudad del noroeste para identificar a una persona, medio española y medio norirlandesa, que participó en atentados del IRA y de ETA diez años atrás. Estamos en 1997. El encargo lleva el sello de su ambiguo ex-jefe Bertram Tupra, que ya, mediante un engaño, había condicionado su vida anterior.
Corazón tan blando

«No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola...»
Este es el ya legendario comienzo de un clásico contemporáneo, Corazón tan blanco, cuyo protagonista y narrador, Juan Ranz, prefiere siempre no saber, consciente de lo peligroso que resulta escuchar: los oídos no tienen párpados, y lo que les llega ya no se olvida.
Traductor e intérprete de profesión, es él ahora el recién casado, y en su propio viaje de novios, en La Habana, asomado al balcón, es confundido por una desconocida que espera en la calle, y sin querer escucha una conversación de hotel. A partir de entonces «presentimientos de desastre» envolverán su matrimonio. Pero la clave de ese malestar quizá esté en el pasado, pues su padre hubo de casarse tres veces para que él pudiera nacer.
Mañana en la batalla piensa mí

La hechizante primera frase de esta novela ya dice mucho, quizá demasiado: «Nadie piensa nunca que pueda ir a encontrarse con una muerta entre los brazos y que ya no verá más su rostro cuyo nombre recuerda».
Esto es lo que ocurre al narrador, Víctor Francés, guionista de televisión y «negro» o «escritor fantasma», encargado de redactar los discursos de la gente importante e ignorante. Recientemente divorciado, es invitado a cenar a su casa por Marta Téllez, mujer casada cuyo marido está de viaje y madre de un niño de dos años. Tras la cena galante, el hombre y la mujer pasan al dormitorio donde, «aún medio vestidos y medio desvestidos», ella empieza a sentirse mal hasta que agoniza y muere en una escena sobrecogedora.
Esa infidelidad no consumada se convierte así en una especie de «encantamiento», con problemas bien reales e inmediatos: qué hacer con el cadáver, avisar o no avisar, qué hacer respecto al marido, qué hacer con el niño dormido, qué diferencia hay entre la vida y la muerte.
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Los dominios del Lobo

Ambientada en Estados Unidos en las primeras décadas del siglo XX, narra una serie de trepidantes aventuras que abarcan desde la novela negra hasta el melodrama, desde el relato de pasiones rurales hasta la guerra de Secesión, desde la intriga policiaca hasta las luchas de gángsters o el exotismo sureño teñido de su inclemencia tradicional.
Considerada una obra transgresora e insólita en el momento de su aparición, Los dominios del lobo es una divertida e inteligente parodia y un homenaje al cine de los años dorados de Hollywood. En ella, Marías demuestra ya una notable madurez narrativa, una aguda ironía y una deslumbrante capacidad de fabulación. Este «excelente y cruel pastiche», en palabras de Juan Benet, con su estructura atrevida, su intencionado uso del tópico y su agilísima técnica, se adelantó a su tiempo para convertirse en precursora de la más vivaz literatura actual.
Así empieza lo malo

Así empieza lo malo cuenta la historia íntima de un matrimonio de muchos años, narrada por su joven testigo cuando este es ya un hombre plenamente adulto. Juan de Vere encuentra su primer empleo como secretario personal de Eduardo Muriel, un antaño exitoso director de cine, en el Madrid de 1980. Su trabajo le permite entrar en la privacidad de la casa familiar y ser espectador de la misteriosa desdicha conyugal entre Muriel y su esposa Beatriz Noguera.
Muriel le encarga que investigue y sonsaque a un amigo suyo de media vida, el Doctor Jorge Van Vechten, de cuyo indecente comportamiento en el pasado le han llegado rumores. Pero Juan no se limitará a eso y tomará dudosas iniciativas, porque, como él mismo reconoce desde su edad madura, -los jóvenes tienen el alma y la conciencia aplazadas-. Así descubrirá que no hay justicia desinteresada, sino que está siempre contaminada por el rencor personal y por los propios deseos, y que todo perdón o castigo son arbitrarios.